Liderazgo espiritual: un desafío para hombres

Mi temor más grande es llegar delante de Jesús y escuchar de su boca: “Si hubieras…” Esta es una de las frases más dolorosas que un creyente puede escuchar, incluso en esta vida: “Si te hubieras esforzado más…”, “Si hubieras estado dispuesto a perdonar…”, “Si hubieras huido de la tentación…”, “Si hubieras escogido obedecer la Biblia antes que tus propios deseos…”


El capítulo dos de Esdras nos presenta una lista de hombres para los que no existió esta terrible frase. Encontramos los nombres de aquellos que decidieron aceptar el desafío de convertirse en “los restauradores”.


Si hubiera vivido en Persia, durante aquella época, yo habría querido estar en esa lista. De hecho, yo anhelo entrar y permanecer en esa lista hoy: la que contiene los nombres de los hombres que están haciendo la obra de Dios.


La lista de restauradores del capítulo dos de Esdras es un ejemplo de lo que Pablo dijo en Hechos 20:24:


“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”.


El liderazgo es trascendental.


En estos días, estamos desarrollando una actividad del Ministerio de Hombres de Vida Nueva. Ha sido una bendición. Es nuestro primer campamento para hombres, es digital y tiene como temática un poco de la narrativa militar. Está siendo muy divertido, pero sobre todo muy desafiante.


El último domingo en la iglesia, platicamos con un hermano sobre esta actividad. Uno de sus comentarios no ha dejado de sonar en mi cabeza:


“Los hombres necesitan que se les hable como a hombres”.


¡Cuánta razón tiene! Yo agregaría también que los hombres necesitamos seguir hombres de verdad. Y en este sentido: el liderazgo espiritual es trascendental.


Los primeros dos versículos del capítulos dos de Esdras nos presentan una lista inicial de 11 hombres “con los que subieron y vinieron” el resto de varones del pueblo. Seguramente estos fueron los primeros en decir: El “hubiera” no es una opción.


“Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Seraías, Reelaías, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvai, Rehum y Baana”; nos ilustran en qué consiste el verdadero liderazgo espiritual: fueron hombres que dirigieron a otros para que la obra de Dios ocurriera por medio de ellos y en ellos.


Nuestro mundo, nuestro país, nuestras ciudades y nuestras familias necesitan ser restauradas. Dios quiere restaurar su relación con aquellos que no le conocen y quiere edificar la vida de los que somos sus hijos. Esta tarea monumental solo ocurrirá a través de aquellos hombres que permitan que Dios los use y decidan aceptar el desafío de dirigir su obra. ¿Lo aceptas?


Pero, ¿Cómo se hace la obra de Dios? y ¿Qué necesito hacer o ser para participar de ella? Lo veremos la próxima semana.

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